El bebé finalmente se durmió. La casa está en silencio y, en teoría, es el momento de descansar. Pero vos seguís despierta.
Escuchás cada ruido. Mirás el monitor. Te acercás a la cuna para comprobar que respira. Te acostás, pero unos minutos después volvés a levantarte para asegurarte de que está bien.
“¿Y si le pasa algo mientras duermo?”
“¿Cómo sé que está respirando?”
“¿Y si no escucho cuando me necesita?”
La llegada de un bebé implica aprender a cuidar a alguien completamente dependiente de vos. Durante las primeras semanas pueden aparecer preocupaciones y una atención especial hacia sus necesidades.
Pero a veces esa atención se transforma en una sensación de alerta permanente que no permite descansar, incluso cuando el bebé está durmiendo.
¿Por qué puedo sentir tanta ansiedad cuando mi bebé duerme?
Durante el puerperio, es frecuente que aparezcan preocupaciones relacionadas con el bienestar del bebé.
La responsabilidad es nueva, el vínculo se está construyendo y muchas situaciones cotidianas todavía generan dudas.
Preocuparse por el bebé forma parte de este proceso.
Sin embargo, puede suceder que la preocupación se vuelva difícil de controlar y empiece a ocupar demasiado espacio.
El bebé puede estar durmiendo y, aun así, vos sentir que necesitás comprobar una y otra vez que está bien.
Puede que cualquier pequeño ruido te haga pensar que algo malo está ocurriendo.
O que sientas que no podés alejarte de tu bebé ni siquiera unos minutos.
No significa que seas una madre exagerada. Tampoco significa que estés haciendo algo mal.
Puede ser una señal de que necesitás acompañamiento.
Preocuparse por el bebé no significa necesariamente tener ansiedad
No existe una frontera exacta que permita separar una preocupación esperable de una situación de ansiedad. Cada experiencia de puerperio es diferente.
Una preocupación puede ser parte de la adaptación a la maternidad cuando aparece, puede expresarse y disminuye con información, apoyo y descanso.
La dificultad aparece cuando el miedo se vuelve intenso, persistente o difícil de controlar y comienza a interferir con tu descanso, tu bienestar o tu vida cotidiana.
Por ejemplo:
- Tu bebé está durmiendo, pero vos no podés dormir.
- Sentís la necesidad de revisar muchas veces si respira.
- Pensás repetidamente que algo malo puede suceder.
- No conseguís relajarte porque permanecés permanentemente alerta.
- Te cuesta separarte de tu bebé aunque sea por un período breve.
- Buscás información o confirmación constantemente para tranquilizarte, pero la preocupación vuelve.
- Sentís culpa cuando descansás o pedís ayuda.
Tener alguno de estos pensamientos ocasionalmente no significa necesariamente que exista un trastorno de ansiedad.
Lo importante es observar cuánto espacio ocupan esos pensamientos y cuánto afectan tu vida cotidiana.
Cuando el miedo a que algo le pase al bebé no te permite descansar
Una de las preocupaciones que pueden aparecer durante los primeros meses es el miedo a que al bebé le suceda algo mientras duerme.
Conocer las pautas de sueño seguro es importante porque brinda herramientas concretas para cuidar al bebé durante el descanso.
Pero hay una diferencia entre conocer las pautas de sueño seguro y sentir que necesitás permanecer permanentemente vigilándolo para poder estar tranquila.
Una madre puede saber que su bebé está durmiendo en condiciones seguras y, aun así, sentir la necesidad de comprobar repetidamente que respira.
En esos casos, no alcanza con preguntarnos solamente cómo está durmiendo el bebé.
También podemos preguntarnos:
¿Cómo está pudiendo descansar la persona que lo cuida?
¿Qué relación hay entre el sueño del bebé y la ansiedad materna?
El sueño del bebé puede convertirse en un momento especialmente difícil para algunas madres porque, cuando el bebé finalmente se duerme, aparece la oportunidad de descansar pero también puede aumentar la vigilancia.
Escuchar cada sonido, comprobar que respira o sentir permanentemente que algo podría suceder puede mantener al cuerpo y a la mente en estado de alerta.
Y cuando esa alerta se sostiene, descansar se vuelve difícil.
Por eso, acompañar el sueño de un recién nacido no significa solamente pensar en el descanso del bebé. También implica prestar atención a cómo se encuentra quien lo cuida.
¿Qué puede ayudar cuando la ansiedad no permite descansar?
Hablar de lo que estás sintiendo puede ser un primer paso.
Contarle a tu pareja, a un familiar o a una persona de confianza qué pensamientos o miedos están apareciendo puede ayudarte a no atravesarlos sola.
También puede ser importante aceptar ayuda concreta para poder dormir, comer, bañarte o simplemente tener unos minutos propios.
No necesitás esperar a sentirte completamente desbordada para pedir ayuda.
Y cuando la preocupación es intensa, persistente o empieza a interferir con tu descanso, tu bienestar o tu vida cotidiana, consultar con un profesional de salud mental puede ayudarte a comprender qué está sucediendo y encontrar herramientas para atravesarlo.
Si sentís que la ansiedad está interfiriendo con tu descanso o tu vida cotidiana, podés consultar con nuestro equipo. Pedir ayuda también es una forma de cuidarte.
Sueño seguro y tranquilidad materna: dos cosas diferentes
Conocer las recomendaciones de sueño seguro ayuda a proteger al bebé.
Pero conocerlas no significa que una madre tenga que permanecer toda la noche vigilándolo.
La información sobre sueño seguro y el acompañamiento emocional cumplen funciones diferentes y complementarias.
Si querés conocer las recomendaciones específicas para favorecer un sueño seguro del recién nacido, podés consultar nuestro artículo sobre Sueño Seguro.
Porque cuidar al bebé también implica cuidar a quien lo cuida.
¿Querés saber si algunas de estas señales están presentes en vos?
Preparamos la Guía de Madres Puérperas para ayudarte a reconocer algunas señales de ansiedad posparto —no poder dormir aunque tu bebé descanse, necesitar comprobar repetidamente que respira, sentir miedo intenso o permanecer en alerta constante— y pensar cuándo puede ser importante buscar acompañamiento profesional.
Descargar la guía gratuita →Cuidar a una mamá también es cuidar al bebé
Durante el puerperio, gran parte de la atención está puesta en el recién nacido.
¿Está comiendo bien? ¿Duerme? ¿Llora demasiado? ¿Tiene frío? ¿Tiene calor?
Todas esas preguntas son importantes.
Pero hay otra pregunta que también merece un lugar:
¿Cómo está la mamá que está cuidando?
Una madre también necesita sentirse acompañada, escuchada y cuidada.
Poder hablar de los miedos sin sentirse juzgada puede ser un primer paso. Y cuando la ansiedad ocupa demasiado espacio, pedir ayuda profesional también forma parte del cuidado.
La maternidad no necesita madres perfectas ni madres en alerta permanente.
Aprender a cuidar a un bebé también implica aprender a reconocer cuándo quien cuida necesita ser cuidado.
En Doble Mirada Infancia acompañamos a madres y familias durante el embarazo, el puerperio, la internación neonatal y los primeros desafíos de la crianza, integrando medicina y psicología para acompañar las distintas dimensiones de esta etapa.
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Porque cada mamá y cada bebé son únicos, sabemos que hay respuestas que no se encuentran en una guía.
Si tenés dudas sobre el cuidado de tu bebé, podemos ayudarte. Te acompañamos con una doble mirada: la de mamás y la de profesionales.
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